Por circunstancias que no vienen al caso, tuve dos experiencias en compras (ahhhhh, estúpidos ataques de consumismo barato, todos lo critican pero andan con bolsitas pagando con tarjetas y endeudándose hasta el orto).
La primera fue en Lady Stork en el Abasto. Entrar, recorrer sin vendedores que rompan las pelotas y ultra educados, vestidos de traje, un ambiente hermoso, sillones comodísimos, espejos amplios y una atención de lujo.
La segunda fue en Portsaid, misma atención, lugar precioso.
Precios carísimos según por donde se lo mire, en caso de zapatos pienso que no hay que escatimar, un calzado cómodo es fundamental.
Me quedé pensando en la diferencia de atención al cliente según su status social. Si tenés una buena apariencia y una buena billetera, comprar es un placer.
Si vas a un negocio de barrio con precios accesibles, la historia es otra. Vendedores maleducados y mal predispuestos, locales chicos, cambiadores imposibles y súper calurosos, maltrato por todos los frentes.
Si a una persona de clase alta le pasa algo malo, es noticia e indignación. Si le pasa algo a una persona de clase media o baja, pasa desapercibido.
En fin, en la próxima entrada voy a describir lo desagradable que puede ser un cliente, yo viví las dos partes, ahora compro, en algún momento de mi vida me tocó vender.
sábado, 25 de octubre de 2008
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